Barrio de los Caballeros
Barrio de los Caballeros

Este núcleo acoge el mejor conjunto de palacios de la ciudad como la casa del marqués de Lozoya con su portada románica; el palacio de Quintanar (S. XVI); el Palacio del Conde Cheste; la Casa de las Cadenas (S.XV) y el Palacio de la Diputación Provincial o Casa del Marqués de Castellanos y de Uceda–Peralta.

 

Además podemos encontrar una serie de edificios que fueron casa nobles y que hoy en día albergan museos, como el Museo Rodera Robles, Museo Zuloaga, Esteban Vicente, Convento de Santo Domingo. Iglesias como la de San Martín, la Trinidad, San Esteban o San Juan de los Caballeros.

San Juan de los Caballeros

El templo, instalado junto al portillo de San Juan, en el lateral noroeste de la vieja muralla, se asoma al mirador del río. Abandonado tras la desamortización, fue utilizado como almacén y garaje hasta que el célebre pintor Ignacio Zuloaga lo adquiriera. Allí instaló su tío Daniel sus prestigiosos hornos cerámicos y sirvió como estudio de Ignacio y vivienda familiar. Declarado monumento en 1962, fue habilitado para uso museístico entre las décadas de 1970 al 1990, presentando en la actualidad  una colección permanente que ilustra sobre la vida cotidiana y artística de los Zuloaga.

 

Es un templo basilical con tres naves, capillas semicirculares y crucero, dotada de una potente torre alzada sobre la capilla de la epístola. La frase más arcaica del templo parece datar de época visigoda, reaprovechándose sus muros y ábsides en una obra del siglo X. Hacia el siglo XI se derribaron los viejos ábsides y se trazó el mayor, realzando los muros laterales. A finales del siglo XII o inicios del XIII corresponderían los ábsides laterales, la torre y el atrio meridional, amenizado con interesantes aleros esculpidos. La iglesia fue lugar de enterramiento de los nobles linajes de la ciudad y del ilustre historiador Diego de Colmenares.

 

Tras su secularización en la primera mitad del siglo XIX, la iglesia de San Juan Bautista, como la de San Quirce, consiguió escapar a la desgraciada ruina que hizo desaparecer casi hasta la memoria de otros templos como San Facundo, San Pablo o San Román, y ello vinculando su futuro al de los Zuloaga.

 

Textos de José Manuel Rodríguez Montañés y José Luis Hernando Garrido.

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